LA BENDICIÓN DEL PADRE Y EL CAMINAR

Existe una misericordia, una bendición, de parte del Padre que nos pertenece si clamamos por alcanzarla y cambiamos el rumbo de nuestro caminar, pero si por alguna razón llegásemos a pensar que no la necesitamos, simplemente significaría que aún no tenemos la claridad suficiente para ver lo que está gravitando a nuestro favor, sin embargo hubieron hombres y mujeres que sí tuvieron luz, como ocurrió con Jacob, quien pudo vislumbrar y clamar por esa misericordia y recibió algo mucho más grande de lo que jamás hubiera imaginado.

  • Génesis 32:24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
  • 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
  • 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.
  • 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.
  • 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Jacob clamó por la bendición del ángel, figura del hijo, “No te dejaré, si no me bendices”, porque tuvo claridad acerca de lo que éste portaba y por esa razón llegó a establecerse como el favorito de Jehová, ya que sobre su vida se estableció el pueblo Santo de Israel.